Treinta días, vividos y compartidos, amaneceres en los que hemos podido llenar nuestros corazones de esperanza, consuelo y optimismo. Camino recorrido y vivido en el que hemos encontrado verdaderos motivos de felicidad y alegría; hubo momentos en los que pensábamos desviar nuestro camino, pero nos mostraste el único y verdadero camino a seguir, el camino de la entrega, la solidaridad y la fraternidad para vivir verdaderos momentos de encuentro.
Hoy en tu palabra nos presentas tres encuentros que definen las exigencias radicales de ser verdaderamente tus discípulos. El primer encuentro aparece un aspirante que se ofrece con entusiasmo: «te seguiré a donde quiera que vayas». Pero tú le respondes: «el hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza». Allí nos estás invitando a renunciar a la seguridad personal y aceptar un camino itinerante. El segundo encuentro nace de tu iniciativa en la que tú invitas a tu seguimiento y allí hay un primer "pero": «déjame ir a enterrar a mi padre». Tu respuesta parecería incomprensible, pero tú te refieres a que se debe priorizar la proclamación del reino. La decisión de seguirte está por encima de los vínculos de la filiación. El tercer encuentro es de este aspirante a seguirte que solicita despedirse de la familia.
Tú utilizas la imagen del labrador: «nadie que pone las manos en el arado y mira hacia atrás vale para el reino de Dios». Aquí subrayas el compromiso con el reino requiere dedicación y que no admite distracciones ni apego al pasado. Señor, sabemos que tú radicalidad es tu máxima autoridad. Tú renunciaste a todo cumpliendo la voluntad del Padre celestial; también nuestra madre del cielo renunció a todo para dar su «sí» desinteresadamente.
Hoy encontramos en esta memoria de san Jerónimo, presbítero y doctor de la Iglesia, un ejemplo grande de desprendimiento y cumplimiento de tu voluntad: nacido en Dalmacia en el año 340; estudió en Roma y allí fue bautizado. Este «León del desierto» manejaba bien el latín, el hebreo y el griego; fue filósofo, retórico, gramático y dialéctico; escritor rico, puro y fecundo. Por pedido del Papa Dámaso I, tradujo al latín el antiguo y el nuevo testamento m, que se conoce como la Vulgata, biblia oficial del cristianismo., su fuerte personalidad, suscitaba, entusiasmos y polémicas; originó nuevas formas de vida religiosa, vivió una vida ascética en Belén donde murió en el año 420. Concede no señor, el don, la sabiduría y de la inteligencia para seguir comprendiendo desde el corazón tus sentimientos expresados en tu palabra. Amén.
Un muy feliz y bíblico miércoles último de mes.
Palabra del Papa
Jerusalén es la meta final, donde Jesús, en su última Pascua, debe morir y resucitar, y así llevar a cumplimiento su misión de salvación. Desde ese momento, después de esa “firme decisión”, Jesús se dirige a la meta, y también a las personas que encuentra y que le piden seguirle les dice claramente cuáles son las condiciones: no tener una morada estable; saberse desprender de los afectos humanos; no ceder a la nostalgia del pasado. Pero Jesús dice también a sus discípulos, encargados de precederle en el camino hacia Jerusalén para anunciar su paso, que no impongan nada: si no hallan disponibilidad para acogerle, que se prosiga, que se vaya adelante. Jesús no impone nunca, Jesús es humilde, Jesús invita. Si quieres, ven. La humildad de Jesús es así. Él invita siempre, no impone. (S.S. Francisco, 30 de junio de 2013).
