Qué hermoso amanecer, el que nos regalas en este fin de semana que ilumina nuestro día, porque hoy honramos a nuestra madre santísima en su asunción al reino de los cielos. Por eso en este día, la honramos como madre de la ternura y del amor. Te damos gracias por ser vuestra madre y madre de Dios.
Madre, eres llena de gracia, porque tu vida es para nosotros puerta de amor y de obediencia; tu maternidad nos devuelve la dignidad de hijos queridos. Tú has sido llevada al cielo en cuerpo y alma, para participar en el triunfo definitivo sobre la muerte de tu Hijo amado. A ti Madre, el Padre celestial te premió porque en la tierra serviste humildemente a sus planes como la primera de los que creen. Danos tu actitud de confiada apertura a su voluntad y ayúdanos para que venzamos en nosotros al mal y a la muerte, y nos guíes por caminos de amor y de servicio. Concédenos, Celestial Princesa, tu humildad y sencillez, tu obediencia y confianza, tu compañía y auxilio para que siempre cumplamos la voluntad del Padre celestial. María, Madre del amor y la ternura, ruega por nosotros.
Gracias, Señor, por darnos el regalo más hermoso en el Corazón de tu Santísima Madre. Acompáñanos y guíanos por el camino del bien y que podamos exclamar como ella:
«HÁGASE EN MI SEGÚN TU PALABRA».
Feliz y bendecido fin de semana.
PALABRA DEL PAPA
Dice el Papa León XIV:
“El corazón humano es atraído por la belleza de Dios y no es feliz hasta que no la encuentra; y, en efecto, si se pierde en medio de la ‘selva oscura’ del mal y del pecado corre el riesgo de no encontrarla”, advirtió.
Sin embargo, subrayó que “ahí está la gracia”: “Dios ha salido a nuestro encuentro, ha asumido nuestra carne, hecha de tierra, y la ha llevado consigo, simbólicamente decimos ‘al cielo’, es decir, con Dios”.
“Es el misterio de Jesucristo, encarnado, muerto y resucitado para nuestra salvación; e inseparable de Él está también el misterio de María, la mujer de la cual el Hijo de Dios ha tomado la carne, y de la Iglesia, cuerpo místico de Cristo”. (15-agosto-2025)
ORACIÓN A LA ASUNCIÓN
Alégrate y gózate, Hija de Jerusalén
mira a tu Rey que viene a ti, humilde, a darte tu parte en su victoria.
Eres la primera de los redimidos
porque fuiste la adelantada de la fe.
Hoy, tu Hijo, te viene a buscar, Virgen y Madre: “Ven amada mía”,
te pondré sobre mi trono, prendado está el Rey de tu belleza.
Te quiero junto a mí para consumar mi obra salvadora, ya tienes preparada tu “casa” donde voy a celebrar las Bodas del Cordero:
• Templo del Espíritu Santo
• Arca de la nueva alianza
• Horno de barro, con pan a punto de mil sabores.
Mujer vestida de sol, tu das a luz al Salvador que empuja hacia el nuevo nacimiento.
Dichosa tú que has creído, porque lo que se te ha dicho de parte del Señor, en ti ya se ha cumplido.
María Asunta, signo de esperanza y de consuelo, de humanidad nueva y redimida, danos de tu Hijo
ser como tú llena del Espíritu Santo,
para ser fieles a la Palabra que nos llama a ser, también como tú, sacramentos del Reino.
Hoy, tu sí, María, tu fiat, se encuentra con el sí de Dios
a su criatura en la realización de su alianza, en el abrazo de un solo sí.
Amén.
